8 septiembre 2017
El estado emocional y la estación del año

El estado emocional y la estación del año | Hospital Delfos

 

Llega septiembre. El verano da sus últimos coletazos, cada día anochece antes y muchas son las conversaciones en las que aparece ese temido término: el ya famoso síndrome post-vacacional que esconde tras de sí todo un conjunto de sensaciones que inevitablemente hacen que el estado de ánimo de mucha gente se venga abajo en mayor o menor medida.

Pero la vuelta al trabajo y a la rutina no es la única causante de todo esto. Está sobradamente comprobado que las diferentes épocas del año inciden de forma decisiva en el estado emocional de las personas. Y es que existe un tipo de depresión que está directamente relacionado con la menor exposición a la luz que habitualmente tenemos en los meses de otoño e invierno, así como con los cambios hormonales y los neurotransmisores. Estamos hablando del trastorno afectivo estacional (TAE).

Se calcula que el TAE está padecido por aproximadamente el 6% de las personas y que el grupo más afectado es el de la población adulta (aunque también lo encontramos en adolescentes y jóvenes), siendo más numeroso el sector femenino. De todas formas, sabemos que hay características biológicas, familiares y sociales que hacen que ciertas personas sean más propensas a caer en él. Por supuesto, el factor geográfico es clave en estos casos: es evidente que en lugares donde las épocas de menos luz son más acusadas encontraremos este trastorno en mayor medida.

Los síntomas que presenta el trastorno afectivo estacional son, principalmente, cambios de humor severos que incluyen irritabilidad, ansiedad, tristeza, disminución de la libido o sensación de desesperanza. También suelen aparecer una serie de síntomas vegetativos, tales como somnolencia, aumento del apetito (y, por consiguiente, del peso), cansancio o rechazo interpersonal.

En cuanto a las causas que provocan el TAE, se suele apuntar principalmente a un factor: la disminución de las horas diarias de luz, que provoca un desorden en los niveles de dos hormonas tan importantes como la melatonina y la serotonina. El aumento en la segregación de la primera de ellas y el descenso de la segunda generan un campo de cultivo que en muchos casos acaba mermando el estado emocional de la persona.

El mejor consejo es que, a pesar de notar esos inevitables altibajos anímicos con los cambios de estación, mantengamos las costumbres que nos hacen felices y busquemos introducir otras nuevas que nos hagan sentir bien.